miércoles, 4 de octubre de 2017

Julián Axat


Un arcoíris en calzoncillos*

Leer poesía ante 3000 personas no es lo mismo que
hacerlo en un salón entre 5 poetas una copa & humo
con 10 espectadores y una editorial pacata de 300 ejemplares
Leer poesía ante 3000 personas en una plaza pública
no te debe inflar el pecho como a un Maiakovski
pues ningún poeta será un rock star con penacho
y pocas veces se repite en estos tiempos
leer poesía ante 3000 personas es un hecho inédito
como un arco iris en calzoncillos
como la voz que viaja en versos
con fuerza de publicidad.

*El título juega con “Una nube en pantalones”, poema de Vladimir Maiakovski.


Despedida menor
(Despedida de la Defensoría 16)

Anoche soñé
con todos los pibes que defendí en estos años
se acercaban a pedirme que no renuncie
que me quede a abrazarlos una vez más
que los asista les explique la causa de su mal
el origen de los golpes que los traían hacia mí
que escribamos el último poema y que vayamos
de la mano ante el juez de los sueños perdidos
a exigir por los próximos años
no creo irme muy lejos les decía
entonces uno de ellos el mensajero
sacaba una hoja y me la extendía
para cuando despiertes me decía y yo leía un símbolo
un símbolo que no recordaba cuando despertaba
y mi hija de 4 años me llamaba a los gritos
desde su habitación.


Off shore

Fugarse
Fugarse de la vida
Fugar a los que no tienen nada
Fugar la riqueza de los que no tienen nada
Fugar la necesidad de otro mundo posible
Fugarse del otro porque le tengo miedo
Fugarse a una isla y alambrar mi perímetro
Fugarse de los miserables de los que nada tienen que perder
Fugar la esperanza y el sueño a un paraíso más parecido al infierno de lo ajeno
Fugarse de la infancia perdida y no recobrada
Fugar el encuentro hacia el desencuentro de unos pocos
Fugar la revolución en los ojos de un burócrata del ajuste
Fugar el propio suicidio en la colonia de la mente
Fugarse del padre y de la madre fugarse de Dios
Armar una cuenta en el paraíso de los muertos
& pedirles a ellos clemencia & fuga cuando todo estalle
Fugar la memoria y la narración
Fugar la mirada y la sensibilidad
Fugar la pasión y las ganas de cambiar el mundo
Fugarse de todo y de todos hasta que
Fugarse sea…
El egoísmo que nos devore


 El Palacio de Justicia

A lxs trabajadorxs de ATAJO

Las villas no tienen palacios de justicia
tienen capillas & centros de información
enviados policías punteros referentes & servicios infiltrados
las villas no tienen palacios de justicia porque
el poder judicial nunca se embarra
te atiende de saco & corbata tras el mostrador de Talcahuano
& los códices comentados en latín
dicen que las villas no deben tener palacios de justicia
sino derribadores de bunkers & allanamientos masivos
resolvedores de problemas desalojos & pibes descalzos mujeres golpeadas
falopa & la mayoría de gente honesta que vive
haciendo cola en un almacén donde también te remarcan
o te cobran canon por estar & tratarte de peligroso
porque la villa no tiene palacios de justicia
& es un sueño que lo tenga
& por el ojo de la cerradura entre algún día el palacio humano
demasiado humano menos palacio más justicia
más camello & menos corbata

 
El día que Maiakovski disparó al cielo con un arma que le dio Lunarchaski*

En 1918 Dios fue sometido a juicio
por sus crímenes contra la humanidad
En el banquillo de los acusados se colocó una Biblia
Los fiscales presentaron numerosas pruebas de culpabilidad
basadas en testimonios históricos sobre la crueldad de Dios
La defensa pidió la absolución por demencia evidente y
por desarreglos psíquicos irreversibles
El tribunal encontró culpable a Dios de todos los cargos
y lo condenó a muerte
En el amanecer del 17 de Enero de 1918
un pelotón de fusilamiento disparó cinco ráfagas de ametralladora
contra el cielo de Moscú y cumplió la sentencia
Tiempos después Lunarchaski, el comisario cultural de la revolución, dijo:
“Dios no existe. Lo fusilamos nosotros allá por 1918”.

*Variación de un poema de Rimbaud en la CGT (2014).


El Estado se retira de la poesía

& vuelven
los versos perfumados con deudas contraídas
a las multinacionales del intimismo y el salón
Los mercaderes de las palabras
el pago a los buitres & no a los albatros
la sangre cartonera
el cualquerismo sin fin
vuelven los museos sin próceres & sin panes
las tertulias con el rey local de Mondadori
& nada de alpargatas
sí de mocasines
& los malos vuelven
los muy malos no los malditos
ahora vienen a tirar balas contra la sombra
de Evaristo Carriego
porque el Estado
el Estado se retira de la poesía
claro que
después de no haber entrado nunca
pero sí anunciarla
con bombos & platillos


Poema nacido al pasar de una frase de García Linera en un discurso
brindado en Argentina en 2016

Ellos son los muertos vivientes
Por donde pisan arrasan y esparcen la peste

Ellos abren la grieta más a fondo y después claman
Por la paz de los cementerios y la reconciliación nacional

Ellos ponen a los verdaderos muertos de esta Historia
Nosotros los lloramos y recordamos con justicia

Ellos son los muertos vivientes

Nosotros / La vida


Noticias cruzadas de la villa

Desalojan el barrio de la toma pacíficamente
Las hilanderas se juntan y arman un taller de derechos

Asesinan a un menor de edad en la puerta de
Se inaugura un centro comunitario para atender casos de

Un grupo de narcotraficantes dispara contra
Homenaje a cura villero desaparecido en la

Son secuestrados 200 kg de cocaína de máxima pureza
Cooperativas desarrollan emprendimiento sanitario

Enfrentamiento entre dos familias y la policía no interviene
Festejan día del niño en la Iglesia de… y entregan juguetes

La mafia de las viviendas avanza dentro del barrio
Ministerio del interior entrega 500 DNI gratis

Policías abaten a dos personas en enfrentamiento por robo piraña
Un juez decomisa casa de presunto narcotraficante y la entrega a las Madres del
Paco

Una mujer es golpeada salvajemente
En la OFICINA DE VIOLENCIA DOMESTICA DE LA CORTE no se deciden a
descentralizar su servicio en las Villas

La basura se amontona en la esquina y hay cada vez más ratas
La cooperativa de basura empadrona nuevos trabajadores

Los extranjeros cometen cada vez más delitos y exigen deportación…
En la ciudad de Buenos Aires los trabajadores provienen en su mayoría de barrios
periféricos

La ambulancia del SAME no ingresó y murió desangrado
En el comedor de… pasan 800 personas por día


Coloquio en Pocitos

Junté pedazos de la infancia gaucha de Lautremont y Laforgue
pinché en el cielo lo que quedaba de las libélulas de Di Giorgio
quise aspirarme todo lo que se metía Escanlar en sus fosas nasales
& deambular entre las sábanas disecadas de Idea y Onetti
en la noche rellené crucigramas y aprendí espiritismo con discípulos de Levrero
antes de que salga el sol hice pis sobre la lápida de Benedetti
& me imaginé bebiendo cicuta con Herrera y Reissig prometiéndole que volvería
Junté pedazos de mí mismo abrí los ojos y retorné a la conferencia de juristas

Fuente: Offshore & otros poemas, Julián Axat, Ediciones Periféricas, Buenos Aires, 2017.

Julián Axat nació en La Plata en 1976. Es abogado y vive en City Bell. Fue Defensor Oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata y, actualmente, dirige el Programa de Acceso Comunitario a la Justicia de la Procuración General de la Nación. Publicó los siguientes libros de poemas: Peso formidable (2004), Servarios (2005), Medium (2006), Ylumynarya (2008),  Neo o el equipo forense de sí (2012), Musulmán o biopoética (2013), Rimbaud en la CGT (2014) y Offshore (2016). Una edición aumentada de este último, publicado en Chile, fue impresa recientemente en la Argentina con el título Offshore & otros poemas. Figura en varias antologías poéticas, entre ellas: Resistencia en la tierra (2014), Giovane poesía latinoamericana (2016) y Atlas de la poesía argentina (2017). Algunos de sus poemas fueron traducidos al inglés, francés y portugués. Creó y dirige la colección Los Detectives Salvajes de la editorial Libros de la talita dorada. Editó, además, la antología Si Hamlet duda, le daremos muerte (2010), que reúne a 52 poetas argentinos nacidos a partir de 1970, y La Plata Spoon River (2014), una recopilación de poemas de varios autores que hacen referencia a la trágica inundación que enlutó a los platenses el 2 de abril de 2013. Colabora con diarios y revistas del país y del extranjero. Acerca de Offshore & otros poemas señala Absalón Opazo en el prólogo del libro: “La lectura de los poemas de Offshore tiene que ver con el blanqueo de la injusticia capital que a diario se emite por cadena de radio y televisión, y al cual estamos sometidos por la altisonante magnitud del aparato mediático transnacional. La poesía, en ese sentido, cumple en esta entrega de Julián Axat con su misión de agujerear ese velo nuboso de cotidianeidad manipulada y teledirigida, que nos hace odiar y linchar al pibe que roba un celular o unas zapatillas, y al mismo tiempo votar y elegir a políticos que guardan sus ganancias sin rendir en paraísos fiscales. La impunidad del gran ladrón es una de las grandes tragedias que atraviesa nuestra época, y en ese sentido, Offshore agarra correctamente el pulso de la crítica y propone una re-lectura de los hechos mediante el sentido común que caracteriza la búsqueda de la poesía social, o al menos, de cierta poesía social”.

Foto: Julián Axat. Fuente: Offshore & otros poemas, Julián Axat, Ediciones Periféricas, Buenos Aires, 2017.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Roberto Themis Speroni

En el quincuagésimo aniversario de su muerte


Es la verdad. La tarde de aquel día...

Es la verdad. La tarde de aquel día
lo sorprendió clavado en el madero,
como al hijo de un simple carpintero
cuya mujer llamárase María.

Asombróse. La frente le dolía,
los miembros parecíanle de cuero.
Miró a sus pies: el valle... Un agujero
con alguna ciudad, vaga y sombría.

Sintióse con los párpados muy viejos.
Tres mujeres lloraban a lo lejos.
–¿Por qué lo harán...?, se dijo tristemente.

Un centurión dormía sobre el lodo.
Pensó: –¡Qué cosa extraña...! Y de ese modo,
cerró los ojos e inclinó la frente.

Fuente: Tatuaje en el viento, Roberto Themis Speroni, Edición de la Municipalidad de La Plata, 1959.


La tierra que me den cuando me muera...

"Tierra le dieron...”

La tierra que me den cuando me muera
la quiero de llanura, entre colinas;
tierra de labrador, con golondrinas,
con caballos de sol y primavera.

Bajo la Cruz del Sur, si se pudiera,
entre tallos y sombras cristalinas,
en esos sitios claros que imaginas
cuando el alma es igual a la madera.

Quiero habitar mi muerte como el canto
la garganta del aire, como el cielo
la gruta del espacio luminoso.

Y olvidado del párpado y del llanto,
estar allí, dispuesto a todo vuelo,
como un pájaro inmóvil y dichoso.

Fuente: Tatuaje en el viento, Roberto Themis Speroni, Edición de la Municipalidad de La Plata, 1959.


Saldría a dar excusas por ser hosco...

Saldría a dar excusas por ser hosco,
si eso significara
alguna mejoría para el árbol;
si con ello lograra separarme
de los legisladores, de los pulcros
inspectores del ocio. Sí, saldría
con la inocencia del titiritero,
alejado de tóxicos, llevando
una higiénica flor, una estampilla
de carácter azul, algún diploma
de fascinante título y ornato.
Me iría con un perro de diamante,
con un lacustre amigo vagabundo,
y en un mercado o en un templo griego
dejaría mis vendas, mostraría
mi brusquedad de origen argentino.

La gente, a lo mejor, los contratistas,
los empresarios, los patrocinantes
del infortunio, los subastadores
de la piedad, quizá me disputaran,
quizá ofrecieran bolsas de sal gema
por mi disculpa pública, por eso
que justifica a los desventurados
ante los mercaderes y los jueces;
pero sucede que no estoy dispuesto,
sucede que me acuerdo de un enano,
de un caballo ulcerado, de un recorte
mostrando a un desgarrado centinela,
a un niño de alcanfor, a una chalupa
volteada por el mar, y no transijo.

Vuelvo la espalda. Sé que para entonces
sobrarán las excusas y rituales.

Fuente: Padre Final, Roberto Themis Speroni, sin mención de editorial, La Plata 1964.


Vino el amigo, el lúcido gitano...

A Eduardo Squirru

Vino el amigo, el lúcido gitano,
el que tiene guitarra y seis mujeres,
y los dientes azules y la vida
inscripta en un notable crucifijo,
y se quedó a comer, después de abrirse
la frente y el perímetro del pecho.
Eduardo vino desde su sonrisa,
desde su muerte, desde su cigarro,
y habló en mi casa, como los petreles
hablan sobre la nieve y el mar hosco.
Durmió después, donde mis hijos duermen,
y se fue para hallar una esmeralda,
un caballo de pelo silencioso,
o tal vez el nostálgico amuleto
que le robó el invierno, cuando niño.

Fuente: Roberto Themis Speroni, tomo I, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Buenos Aires, La Plata, 1975.


Es natural que dios se comunique...

Es natural que Dios se comunique
con mi melancolía; que comparta
mi pan, mi techo aciago y que me ofrende,
de vez en cuando, un búho, una botella,
una hoja de menta, un libro viejo
escrito sobre un vidrio de colores.

Es natural que llegue sin anuncio,
definido y abierto como un árbol,
y que se instale cerca de la leña
desatada en crujidos ardorosos
sin dirigirme nunca la palabra,
alto y ritual, hermoso como un sable.

Suele irritarme su actitud, la espera
brillante de sus ojos, la implacable
actividad oculta de sus manos
quemadas por dos vírgulas de hierro.
Yo soy un hombre y Él lo sabe. Tengo
arrebatos de hombre, no de insecto,
ni dulzura animal para mis actos
manejados por turbia inteligencia.

Arrojo el vino. Tiro de la mesa
los mendrugos, las moscas, los papeles;
tenso mis antebrazos, crispo el nervio
más hondo y, con rudeza, lo fustigo,
lo invito a que se mida con mi angustia
crecida en los confines de su obra.
No responde. Se ubica acomodando
su codo en la madera y, sin testigos,
pulseamos al igual que dos labriegos
en honesta y tristísima disputa.

Fuente: Roberto Themis Speroni, tomo II, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Buenos Aires, La Plata, 1975.


Elegía C

Otras mujeres vienen a buscarme;
me ofrecen vino, duros girasoles,
vientres de menta, músculos de harina,
bocas de fiebre púrpura. Se acercan
como resortes blancos, como flejes
de acero perfumado. Son hermosas.
Tienen los ojos niquelados. Visten
géneros nuevos; hablan con voz curva
y queman cigarrillos africanos
fundando un ecuador de luz caliente,
haciendo que las cosas resplandezcan
entre vagos vapores y gomeros.
Vienen otras mujeres. Sus corpiños
son de pulpa agresiva. De sus piernas
desciende un bosque medular, compacto;
sus manos se conjugan en el aire;
ocultan en el sexo rojos tigres,
acróbatas de aliento estremecido.
Y ríen ondulando entre mis huesos,
al pie de mi garganta, en las arrugas
que me talló un ciprés, siendo muchacho.
Quieren que me divierta seriamente,
que me acueste detrás de la tristeza,
que me desnude arriba de los muertos;
que me escape de pronto a cualquier parte
despeñándome al lado de sus muslos,
en torno a sus cinturas de magnolia;
que les amarre el oro de la nuca
con mis dientes de lobo encanecido.
Quieren que me separe de tu sombra,
que me vaya de ti; que te destruya
como a un enebro en medio de la zarza.
No pueden concebir mi disciplina;
no entienden mi lugar. Soy el poeta,
el hombre de pupilas forestales,
el cavador de peces, el sombrío
curtidor de crepúsculos, el hosco
cantor de tu memoria. Vienen, vienen
sobre zapatos de metal astuto,
cautelosas de amor. Por sus collares
corren formas eléctricas, sonidos,
compromisos ocultos, reprimidas
escobas de ansiedad. Vienen a verme.
Me tocan con hirvientes abanicos,
hacen pausas de piel, me compran nubes,
pantalones de gin. Me ofrecen viajes
donde la muerte no figura nunca,
donde el espacio y la razón se ignoran,
donde no existen hijos, donde nada
ha sido consignado. Las escucho
a estas mujeres breves. Y las dejo
para quedarme cerca de tu hiedra
que Aldebarán conserva inalterable.

Fuente: Roberto Themis Speroni, tomo II, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Buenos Aires, La Plata, 1975.


Soneto al grillo del poeta

A mis hijos

No es tu grillo, Nalé, tampoco el mío
este grillo que escucho aquí, en mi hueco,
dándole a clavo estéril golpe seco
y a caliente lugar punzón de frío.

Aquel otro, sonoro desvarío,
gota de yunque, cuerda para el eco,
se murió en mi niñez, como un muñeco
que atravesaran balas de rocío.

Igual mi corazón, igual la mano,
la estrella, el ademán. El hombre sabe
que el verde, para abril, será amarillo.

Y, sin embargo, con el gesto cano,
sigo pensando que este grillo en clave
es tu grillo, Nalé, mi eterno grillo.

Fuente: Roberto Themis Speroni, tomo II, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Buenos Aires, La Plata, 1975.

Roberto Themis Speroni nació en La Plata el 29 de septiembre de 1922 y murió en City Bell el 28 de septiembre de 1967. Su obra poética publicada incluye los siguientes libros: Habitante único (1945), Gavilla de tiempo (1948), Tentativa en la luz (1951), Tatuaje en el viento (1959), Paciencia por la muerte (1963) y Padre final (1964). A estos debe sumárseles Un poeta en el hueso del invierno, extenso poema dividido en seis cantos e incluido en Veinte poetas platenses contemporáneos (1963). Speroni dejó, asimismo, una gran cantidad de poemas inéditos que fueron compilados, en parte, por Ana Emilia Lahitte y publicados en dos tomos con el título Roberto Themis Speroni en 1975. La obra contiene un estudio de la autora y fue reeditada en un solo volumen como Speroni. Poesía completa, al cumplirse, en 1982, el centenario de la fundación de la capital bonaerense. (Hay una reedición del primer tomo realizada por la editorial Ciudad Gótica, de Rosario, declarada de interés por la Comisión de Cultura de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, que data de 2005.) Luego de la muerte de Speroni, Sudamericana-Planeta dio a conocer su novela El antiguo valle (1985). Permanecen inéditos tres novelas más, un libro de cuentos y un ensayo sobre la obra poética de Alberto Ponce de León, entre otros textos. Alguna vez, Speroni se refirió a sí mismo con estas palabras: “Nació en La Plata, murió repetidas veces en cualquier lugar, no se arrodilló ante nadie, salvo ante el amor y la tragedia. Fue un dado ciego en un cubilete de hierro, un perro en soledad, una campana orgullosa y ronca...”  Su indignación frente al dolor, su sed de verdad y de justicia, su honesta y valiente rebeldía, dieron a su voz –tierna o estentórea, según el caso– un tinte singular que la hace insoslayable. Speroni fue, sencillamente, un “muchacho puro y hosco”, como lo definió Osvaldo Rossler; jamás mendigó recompensas ni persiguió “el espaldarazo de un imbécil” para ser reconocido; quizá por esta razón no figura en muchas de las indecorosas antologías que pululan en nuestro medio. Más poemas de Speroni pinchando Aquí.

Foto: Roberto Themis Speroni. Fuente: Roberto Themis Speroni, tomo I, Ana Emilia Lahitte, Fondo Cultural Buenos Aires, La Plata, 1975.

martes, 22 de agosto de 2017

Carlos Aprea


Tregua en la propia casa

Aún hay luz en la calle
y cree que está sobrio,
sin embargo
prueba y
no acierta con la llave,
se pregunta
si es la puerta correcta
si no estará
frente a una casa equivocada
y sobre todo
qué está haciendo aquí
bajo la lluvia.


Como una pena sin fin

La caricia perdida
sigue rodando:
el viajero huye
a favor del viento
la tierra para él es infinita y plana,
un devenir lineal.
No hay nada atrás para reconocer
no hay nada ni nadie
que detenga su andar.


Samurái en la oscuridad

Pelea por nada en particular,
discute con fantasmas,
malgasta su propia economía
en descargas inútiles.
Cada día, sin excepción,
se considera muerto.
En una duermevela febril
llega el amanecer y filtra
un rayo sobre el cuerpo,
sale de la sombra,
ve cómo se despeja
su propia condena.
Se levanta, abre la ventana
y deja que el viento frío le golpee la cara,
afuera lo espera el mismo sol.


Que este poema sea

Que este poema sea
un ave migratoria
viajando miles de kilómetros
y te encuentre, encuentre a cada uno
de los ausentes
y cante
una música sin palabras
que recuerde cuando estuvimos juntos.

Viajando por los años pasados
te encuentre, encuentre a cada uno
de los ausentes,
vuele en derredor y regrese,
y cante su recuerdo para mí.

Viajando por los años por venir
me encuentre y se despida de mí,
y vuele a cada uno de los ausentes,
y los encuentre,
y cante, cante, cante.


Retrato inconcluso en la memoria

a Néstor Mux

Lo que me queda de vos
no alcanza
a dibujar
un pálido identikit,
apenas una luz sombría y el regusto
amargo
de lo incompleto,
lo que no llega a ser
y por eso perturba.

No sé si estás aún
en este mundo,
o te fuiste,
en la guerra impiadosa
de nuestra pálida prehistoria,
sé que estuviste allí
donde ardía una pasión
muy joven,
al borde de una foto
envejecida
de donde te han borrado,
o te he borrado yo,
patético agente
de un poder invisible,
como si fueses un peligro
para alguien
que ha sobrevivido,
como yo,
y debe algunos pagos
no solo al destino.
Ambiguo rostro
de quien, frente al arribo
al puerto
de las maravillas
que esta vida aún sostiene,
persiste en popa,
disimuladamente,
como un testigo
silencioso,
pertinaz,
indestructible,
de la estela que va
quedando
atrás.


Tus ojos

a Ella, que lo sabe o lo sospecha

Si tus ojos,
solo tus ojos,
no me hablaran,
nada me sostendría.

Nada de lo que existe
resistiendo el vacío,
a contrapelo
de la entropía devoradora
del tiempo.
Nada
de ese efímero fluir
al que llamamos vida,
nada
de ese despertar
que suscita la belleza
cuando nos sorprende,
nada
de ese impulso por sembrar
en los desiertos,
nada.
Nada,
salvo tus ojos
y el nítido recuerdo
de esos ojos
cuando ya no estás.


La ardiente impaciencia de los días

a J. M. P.

Nos quedamos a solas
y se cortó la luz.
Hay sombras y un silencio amargo
cuece sus palabras.
La tarde despliega
sus manteles de niebla,
repican las primeras gotas
sobre el zinc y sobre
el comedor sin cielorraso.

Se justifica al elevar la voz,
pero hace rato sus gritos
convocan la borrasca
y ahora está llegando.

Grita,
apura sus razones
y sus palabras se pierden
en los bordes difumados
de las cosas.
Grita y gesticula
mientras preparo un té.
El yin y el yan frente
a una mesa desbordada,
misterio bufo, satori oriental
Frena el monólogo,
con un chirrido
el aire cristaliza
una palabra última, pende
la cordura
en la cuerda del equilibrista.
Pide
que no se pase el agua
y continúa el monólogo.
Afuera
arrecia la tormenta.

Fuente: Escaleno, Carlos Aprea, Pixel Editora, La Plata, 2017.

Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Vive, desde siempre, en el barrio Villa Elvira de dicha ciudad. Cursó estudios en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. Es Técnico Químico y cofundador de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UNLP. Comparte su condición de poeta con la de actor, autor y director de teatro. Publicó seis libros de poesía: La intemperie (Ediciones Al Margen, 1999), Abrigo (Ediciones Al Margen, 2006), La camisa hawaiana (Libros de la Talita Dorada, 2010), Pueblos fugaces (Libros de la Talita Dorada, 2012), Villa Elvira (Pixel Editora, 2014) y Escaleno (Pixel Editora, 2017). A ellos deben sumárseles cinco plaquetas dadas a conocer por Libros de la Talita Dorada en 2009: Conociendo gente se viaja, El pájaro de las cinco y media, This is the end, week end, Política líquida y Teatros. Fue incluido en las siguientes antologías: 8 poetas (2° premio del Concurso Edelap de Poesía, 1997), Poesía - 36 autores (La Comuna Ediciones, 1999), Pan, amor y poesía - Culturas alimentarias argentinas (INTA, 2008), La Plata Spoon River (Libros de la Talita Dorada, Colección los Detectives Salvajes, 2013) y Antología Relámpago (Pixel Editora, 2014). Poemas y textos diversos de su autoría aparecieron en las revistas Talita, El Hormiguero, El Espiniyo, Pasajes y Sismo Trapisonda, y en el diario Diagonales, entre otras publicaciones. Actualmente, dirige el ciclo Poesía en la terraza y conduce el programa radial Club Intergaláctico. Acerca de Escaleno, señala Horacio Fiebelkorn en la contratapa del libro:

“Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte”, dijo, hace años, Macedonio Fernández. La vida, el amor y la muerte: las tres heridas de las que habló Miguel Hernández. Nunca se insistirá lo suficiente en que estos tres temas son el sistema nervioso de toda poesía, sin que importe su filiación o su contexto.
Habría que incluir, sin embargo, un cuarto tema, que enlaza a los otros tres y los hace girar en espiral: el paso del tiempo.
A Carlos Aprea le basta con intuirlo para desplegarlo en este libro, como quien –diría Baudelaire– acomoda “de nuevo las tierras inundadas”, al abrigo de las canciones que siguen sonando en nuestro interior.
No hay pliegues o matices que Aprea descuide en este libro, que es un viaje a las emociones, en cuyo transcurso aparecen todas las formas del encuentro y el desencuentro, con su inagotable gama de grises, y con la marcha de la historia como un coro a media voz.
En este punto, eludir lo meramente confesional, y ensayar múltiples tonos, es un desafío del que Aprea sale airoso, sin dejar de silbar aquellas melodías que el viento de otra época sopló dentro de nosotros.

Foto: Carlos Aprea. Fuente: Escaleno, Carlos Aprea, Pixel Editora, La Plata, 2017.

miércoles, 19 de julio de 2017

Vicente Costantini


CRÓNICA DEL AGUA


Unos pocos centímetros

Nos hemos acostumbrado a medir la desgracia.
Una simple marca, unos pocos centímetros
son la vara con la que algún dios iracundo
impartió condenas y salvaciones.


Secadero

La calle es un inmenso secadero.
Sobre las rejas cuelgan, boca abajo,
como fusilados,
remeras y camisas
tendidas al sol.
Los automóviles exponen sus entrañas de metal
postrados y silentes, inútiles;
y hay enciclopedias llenas de láminas
con las páginas abiertas
como una boca
en un grito ahogado
de agua mugrienta.


Eran tres

Rompieron algunas bolsas
miraron la Historia Universal de César Cantú
–cuatro tomos
forrados en cuero,
editada en París
en el siglo XIX–
convertida ahora en una papilla
de papel y barro;

finalmente
se decidieron por unos tuppers de plástico
y un colchón que aún chorreaba agua,

tiraron todo sobre la pila que iba creciendo
en la caja de la chata

y se fueron.


Marcas

El postigo tiene, en el borde izquierdo,
una dentellada de hierro:
astillas ahí donde mordió la palanqueta.

Junto a la marca del agua,
conviven otras:
el oportunismo, la mezquindad, la rapiña.
Pobres que roban a los empobrecidos.

En tevé hablaron el ministro,
el intendente, la presidenta:
a un costado, en un recuadro menor,
se veía una cadena humana de jóvenes
pasando bidones de agua
al otro lado de la calle.

Mientras tanto,
en los márgenes de la ciudad
los punteros
revenden colchones
a doscientos pesos,
y de la donación
de cinco mil litros de lavandina,
en nuestra cuadra,
nadie se entera.


Cicatrices

Después de unos meses
queda apenas,
en una tapia abandonada
en una casa demolida
la marca del desastre.

El resto de las marcas se han ido.
El agua es, apenas,
una cicatriz que no cierra,
el rastro indeleble
de una herida.


Un rostro

Apareció a los ocho meses,
junto a la pintura descascarada
y el revoque gris de la pared,
entre las manchas de humedad
que brotan
como hongos
día y noche.

Algunos juran
que es la imagen de Cristo;
otros, más escépticos,
ven apenas borrones
de óxido y salitre.

Yo lo observo y veo
apenas
un rostro
impreciso, anónimo:
uno de los muchos
que ya no volverán.

Detrás
lo persigue
una estela
de pesadillas.


Dice la señora

Dos años después
dice la señora,
distraídamente:
–Con papa hacíamos bombas rellenas,
de una receta holandesa.
Me la copió tu abuela, a mano,
en la última página de un libro
de repostería centroeuropea.

Y también:
–Allá por el ‘87,
cuando fuimos por primera vez a Brasil,
con la casa rodante.
Tengo una foto
de todos nosotros juntos
en la playa.

Pero esos recuerdos son, apenas,
recovecos de la mente,
fragmentos perdidos con el agua.

La memoria se obstina en volver
a un mundo pretérito,
antediluviano,
donde todavía existían los libros,
las recetas escritas a mano,
las fotografías.

El agua no solo destruyó objetos,
muebles, electrodomésticos:

sobre todo,
el agua desmiente
que haya existido algún pasado;
el atardecer en que alguien,
alguna vez,
fue feliz contemplando el último resplandor
sobre las olas;
o la noche de invierno
en la que el único sonido
era el rumor del aceite
cuando salían los círculos de un dorado perfecto.

De todo eso,
queda
menos que nada:

ramitas endebles que tuerce el viento,
hilos que arrasó y lavó y borró
una corriente que vino de la nada
y se alejó
llevándoselo todo.

La Plata, abril de 2013 - abril de 2015

Fuente: Gentileza de Vicente Costantini.

Vicente Costantini nació en Buenos Aires en 1981. Actualmente, reside en La Plata, ciudad donde nacieron sus dos hijos. Es Profesor y Licenciado en Letras. Durante siete años, asistió al taller literario de Santiago Espel. Escribió tres libros infantiles para la colección “Argentinitas”: Ésta es Jacinta, Jacinta aprende y La Argentina de Jacinta (2007). En 2012, Ediciones La carta de Oliver publicó Diario de la nuez, su primer libro de poesía. Tiene, asimismo, dos poemarios inéditos: Postales del Altiplano y Carga viva. Su labor creativa fue reconocida con las siguientes distinciones: primer premio en el V Concurso Provincial de Poesía 2014 “Ginés García” (Dirección General de Cultura y Educación, Provincia de Buenos Aires), primera mención en el Concurso Provincial “Diagonal Literatura” 2016 (Escuela Taller Municipal de Arte y Ediciones La Comuna, La Plata) y segunda mención en los I Juegos Florales del Centro Cultural “Justo José de Urquiza” 2016 (Concepción del Uruguay, Entre Ríos). Además de ejercer la docencia, coordina talleres literarios y administra el blog “Otras costumbres de los alcobranes” (http://alcobranes.blogspot.com), donde pueden hallarse algunos de sus muchos y diversos textos. Los poemas publicados en esta página son inéditos y hacen referencia a la trágica inundación que sufrió La Plata el 2 de abril de 2013.

Foto: Vicente Costantini. Fuente: Facebook.

martes, 6 de junio de 2017

Ángel Poncio Ferrando

¿Primer poeta nacido en La Plata?


Los trebejos

Inválido sofá flordelisado
que de fastidio en el desván bosteza,
circuido en telarañas de tristeza
como asmático abuelo desdentado;
que antes fuera sitial, púlpito y trono,
confesor, confidente y consejero
y, cual rey destronado, en el granero
aún sabe ser señor y darse tono,
con esa voz quebrada de los viejos,
arrítmico y con tos, pontificaba
metafóricas frases que escuchaba
boquiabierta la corte de trebejos.
Todo era calma y polvo. La polilla
suspendió sorprendida su trabajo
y el maniquí atáxico se abstrajo
ante tan estupenda maravilla:
–Vida es evolución, cambio, renuevo,
prorrumpió el buen sofá, nada subsiste
para in eternum. Todo, alegre o triste,
tiene un comienzo y un final. Del huevo,
la semilla, el esporo, hasta la tumba,
sólo hay un lapso más o menos corto:
errante estrella que ha tenido un orto,
una elipse fugaz y se derrumba.
Dioses, células, gloria, poderío,
son momentos no más de la existencia
que no tienen al tiempo otra adherencia
que al río las ramas que se lleva el río;
pero la vida en sí, la vida misma,
que es energía, impulso, progresión,
impertérrita, cruel, sin emoción,
a todo da vigor y a todo abisma.
¿Murió el rey? ¡Viva el rey! Y todo pasa.
Ni el minuto ni el siglo dejan huella.
La vida más notable, la más bella,
rueda en la vida sin que quede traza.
¿Murió el rey? ¡Viva el rey! La ley eterna
no se ocupa de esas nimiedades.
Indiferente rige las edades
sin consultar jamás lo que gobierna.
Yo fui nogal fecundo hasta que el hacha
me abatió, luego adorno de una sala
toda luz, toda lujo, toda gala
y hoy ocupo un lugar de esta covacha.
Y lloro mis recuerdos de ventura.
Mañana seré leña y seré fuego...
El destino me empuja y a él me entrego
hasta dar, como todo, en la basura.
Y vosotros, bártulos oyentes,
que os asombráis de oír que filosofo,
haced cual yo, que del vivir me mofo:
filosofad también indiferentes.
No toméis por lo trágico la vida,
ni os forjéis esperanzas o ilusiones;
más felices seréis sin corazones
en esta larga ruta indefinida.
Convenceos que sois pasos, peldaños
en maremágnum, arlequín informe
de una escalera interminable, enorme
por donde pasan sin cesar los años.

Dijo y calló vencido bajo el peso
de su propia sentencia.
La polilla
reemprendió su roer y, en la bohardilla,
estalló un amplio, colosal bostezo.

(1912)


Sale el tren

La estación, hirviente
de gente.
La hora se acerca y todo se apura,
parece una selva que al viento murmura.
Desfilan paquetes, cajones, baúles...
Van en carretillas y hombros sudorosos.
Mil nombres se cruzan. Pasan Sinforosos,
Marías, Rosarios, Rupertos, Raúles,
y cien otros más.
Se aprietan, se empujan, se esquivan, se ignoran...
Pasan conocidos... Pasan los demás...
Unos se sonríen, mientras otros lloran.
“¡Adiós...! ¡Hasta pronto...!
¡Vamos, no seas tonto...!
¡Escriban...! ¡Buen viaje...! Recuerdos... ¿Te vas?”

Y es un maremágnum de idiomas y trajes
y voces distintas,
pues hay pasajeros de muchos plumajes:
rusos de levita, franceses de pera,
turcos bigotudos, fascistas (de cintas,
llevan la solapa como una bandera),
españoles, yankees, ingleses, letones,
dos o tres criollos
(el chiste político, la última carrera),
chiquilines, viejos, rudos mocetones,
algunas matronas que, como repollos,
cuidan de unas chicas como salsifís...
Y, en el rumoroso bullir de la espera,
parece la máquina decirles: ¡Chis...! ¡Chis...!

Ya falta un minuto. El adiós se activa.
–¡Por aquí!
–¡Ya sale!
–¡Subamos!
–¡Arriba!
Se alzan los cristales de las ventanillas...
El último beso... La última mirada...
Una que otra lágrima que rueda callada
por las sonrosadas o viejas mejillas...
“¡Caras y Caretas! ¡El Hogar! ¡La Prensa!
¡El Mundo! ¡Nación!”

¡Momentos de angustia, momentos de intensa,
fraternal, sincera, última emoción!
El jefe –de gorra– toca la campana:
tan... tan... tan... tan... tan...
El guarda –gallego– los brazos agita,
flamea un trapo verde, como banderita
y, desde allá lejos, se le ve venir.

¿Listos? ¿Vamos? Fiiiiiiii
La caldera hierve. La hornilla crepita.
Muestra el maquinista su rostro un momento
(rojo, negro, sucio) a la multitud...
Baja una manija, hace un movimiento...
Y, de pronto: Uuuuuuu

La máquina tose y estornuda: ¡atchís!
Las ruedas patinan... se afianzan... se anudan...
Pañuelos, sombreros y brazos saludan...
El tren se conmueve... y se va.
Chis... chis...

(1930)

Fuente: Prosa y verso, Ángel Poncio Ferrando, Edición de homenaje publicada por sus amigos, La Plata, 1949.

Ángel Poncio Ferrando nació en La Plata el 19 de noviembre de 1887, día en que la ciudad celebraba el 5° aniversario de su fundación y por cuyo patrono recibió el nombre de Ponciano, el cual se transformó familiarmente en Poncio. Próximo a cumplir los 61 años, murió en la misma ciudad que lo vio nacer el 5 de agosto de 1948. Ferrando fue médico, narrador y poeta. Estudió en la Escuela Normal, dirigida por la recordada Mary O. Graham, en el Colegio Nacional Rafael Hernández y en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En 1908 ingresó como practicante ad honorem en el hospital neuropsiquiátrico de Melchor Romero (entonces denominado Hospital General de la Provincia de Buenos Aires), en el partido de La Plata. Allí conoció a su director, el Dr. Alejandro Korn, destacado médico y filósofo, de quien se haría amigo en poco tiempo y a quien acompañaría en su lecho de muerte como médico de cabecera. Tras su paso por el hospital de alienados, se trasladó a la ciudad de Córdoba, donde completó sus estudios de medicina con el padrinazgo del mencionado Dr. Korn. Su primer destino como profesional fue la colonia agrícola de Oncativo, en la Provincia de Córdoba, que le inspiró el poema titulado “Oda a Oncativo”, cuyos versos no dejan bien parados a sus habitantes: Pueblo estómago, pueblo bolsillo,/ llenar ambos es tu única ambición./ Eres bueno, eres plácido y sencillo,/ pero te falta corazón./ (...)/ Salvándote la lluvia, la seca te anonada/ y del cielo ha de llegarte alguna de las dos./ Después de sembrar ya no tienes que hacer nada:/ ¡Tu cosecha ha quedado en las manos de Dios!/ (...)/ No te importa la política ni el gobierno./ Lo mismo da demócrata que radical./ ¿La religión? ¿La patria? ¡Un cuerno!/ ¡Venga el dinero que es internacional! En 1930, Ferrando abandonó Oncativo para radicarse definitivamente en La Plata, donde estableció su consultorio y pasó a formar parte del cuerpo médico del Hospital Italiano. Muchos antes, el 24 de enero de 1917, había contraído matrimonio con María Luisa Cobanera. En la función pública, supo desempeñarse como médico inspector de la Dirección de Higiene de la Provincia de Buenos Aires, pero pronto fue dejado cesante por oponerse a prácticas políticas deshonestas. Otra prueba de su intachable conducta la dio cuando fue expulsado del Jockey Club por exigir, con un grupo de socios, mayor transparencia en los manejos de dicha institución. Paralelamente a su actividad profesional, Ferrando escribió y publicó en diarios y revistas numerosos poemas y textos en prosa, algunos de los cuales fueron recogidos por sus amigos y editados poco después de su muerte con el título Prosa y verso. Este libro, impreso en la primera quincena de junio de 1949 en los Talleres Gráficos “El sol” (calle 49 N° 729, La Plata), consta de 133 páginas, incluye dos fotos del autor, una nota preliminar y está dividido en dos secciones: la primera reúne siete textos en prosa de distinta índole y la segunda, veintitrés poemas escritos –sólo cinco no están fechados– entre 1909 y 1944. Por otra parte, considerando que La Plata fue fundada en 1882 en una llanura prácticamente deshabitada, es muy probable que Ferrando haya sido el primer poeta de cuna platense. Al parecer, no hay registro de otro poeta nacido en dicha ciudad con anterioridad a él que haya tenido algún reconocimiento. En relación con su personalidad y su quehacer literario, destaca la nota preliminar de Prosa y verso:

Con su boina, su campera y su automóvil inverosímil –movido por la voluntad del piloto mejor que por los maltrechos engranajes–, el doctor Ferrando estaba consubstanciado con el carozo recóndito, germinal, de nuestra ciudad. Su don de simpatía, trascendiendo el ambiente profesional, lo aproximaba a los refugios donde alienta la creación silenciosa de los artistas y los soñadores del pensamiento y de la acción (...)
Poseía el doctor Ferrando un sentimiento vital de la cultura. Lo había madurado en su larga experiencia médica en la que adquirió un concepto humano del sufrimiento y una aguda penetración social de su profesión y de la realidad argentina. El hábito de condensar esa experiencia en conclusiones filosóficas, encuadradas en una jocunda bonhomía, conformaron en este médico una personalidad que subyugaba (...)
Sus poesías humorísticas son recordadas en el ambiente médico, tanto como su capacidad dialéctica pronta en el debate científico, en la respuesta sagaz y contundente o en el diálogo de la sobremesa y la intimidad. Menos conocidos son sus poemas líricos y sus buenas páginas en prosa.
Aparentemente, escéptico frente al hombre y a la vida, el doctor Ferrando fue un ferviente demócrata que se jugó en los momentos decisivos para las libertades públicas y los derechos del hombre. De su pluma salieron en tales horas estrofas civiles vibrantes que fueron espontáneamente aprendidas y coreadas por el pueblo en los desfiles de afirmación constitucional y de la libertad. En su automóvil traqueteante transportó millares de gacetas clandestinas de la resistencia civil, bajo el estado de sitio (...)
Como médico y como artista entendió servir a la naturaleza.

Foto: Ángel Poncio Ferrando. Fuente: Prosa y verso, Ángel Poncio Ferrando, Edición de homenaje publicada por sus amigos, La Plata, 1949.